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Stargazing

mayo 18, 2015

Mayo ha sido un mes horrendamente frío y nublado. Quienes me conocen sabrán que soy de esas personas que vive con la cabeza apuntando hacia arriba, mirando aves, nubes, aviones… estrellas. Sobre todo estrellas. Este mes nublado, estar en clases nocturnas y estar tan “dentro” de la “civilización” (comparado con el lugar en el que vivíamos antes) me han mandado al carajo el hábito de mirar al cielo a perderme entre las luces lejanas, esas luces de otros tiempos.

Nunca tuve un telescopio. Primero, me parecía complicado (luego vine a saber que viviendo en Chapinero era básicamente un desperdicio de plata porque no iba a ver nada) y después, difícil de manejar: Alguna vez en casa de mi tío en Villavicencio tuve una larga noche tratando de ver algo, lo que fuera, pero ni siquiera logré enfocar la Luna. Un fracaso total. De buena gana me iría a un sitio alejado con un telescopio, pero con mi cochina suerte se nublaría hasta el desierto de Atacama. La astrofotografía también queda descartada porque el equipo es bien caro. Algunas veces trato de tomarle fotos a la Luna, y he conseguido unas buenas, pero entre el frío y el exceso de nube de estos últimos meses lo hacen difícil. Solo un día hubo clima adecuado y justo estaba fuera de casa.

Un primo trabaja en un proyecto en el Observatorio Pierre Auger. La última vez que lo vi trató de explicarle a la familia en qué proyecto estaba y lo único que se me quedó grabado fue “rayos cósmicos”. Es algo intrigante eso de estar en medio de la nada mirando al cielo buscando partículas subatómicas. No sé por qué recordé esto. Igual me interesan las estrellas. No solo como puntos brillantes: saber de qué están (estaban) hechas, sus tamaños, la posibilidad de albergar planetas alrededor, sus ciclos de vida, el envideante concepto de que algunas de las que vemos ya no están allí… he tratado de plasmar algunas de las inquietudes que me causa todo el asunto en algunos de los cuentos de ciencia ficción que escribí hace unos años pero creo que todo es tan autista que nunca podría ponerlo en palabras, no tan claras.

Parte de ello trato también de plasmarlo en música. Aunque estamos en una suerte de hiato provocado porque el puerco día no tiene 36 horas (entre otras cosas), cuando iniciamos la Sociedad de Cosmonautas Imaginarios con Jhonny escribimos varios borradores de letras (que deben estar refundidos en un Google Drive) en los que tratábamos de volver canciones la costumbre de levantar la cabeza y mirar hacia arriba hasta que la tortícolis dejara. Una especie de shoegazing espacial, o Stargazing, que se me hacía un conceptazo hasta que me di cuenta que había sido acuñado antes por Michael Freerick de Amusement Parks on Fire para describir a su banda. Sí: todas las ideas buenas ya las tuvo alguien más antes. Por cierto, APOF es una gran banda sonora para vuelos nocturnos o que incluyan amaneceres o anocheceres. También para manejar de noche por carretera. Espero que en algún vuelo próximo pueda tener la suerte de volar de noche y sin nubes.

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