Archive for the ‘Robándole horas al sueño’ Category

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Utopía.

julio 25, 2010

Somos los hijos, incluso los nietos de la guerra fría. El tiempo ha pasado y vemos que los sueños de futuro de esa era no se han cumplido y el imaginario que entonces tenían se ha diluido y perdido.

Seguimos en la tierra, sucia, más caliente que antes. El petróleo aún es nuestra fuente de energía principal, dependemos de los fósiles del pasado, los agotamos y no hacemos nada para encontrar fuentes alternativas en masa.

No volamos, nuestras ciudades son un caos, nada es limpio y ordenado tal como los carteles de propaganda futurista nos lo prometían.

El espacio sigue siendo la frontera, ni siquiera a Selene volvimos. No conquistamos los mundos, no colonizamos Marte, no encontramos un portal interespacial en una luna de Júpiter. Nuestras naves no surcan el cinturón de asteroides intentando llegar a planetas lejanos y, para terminar de distorsionar el espacio que quienes nos escribían desde la guerra fría conocían y con el que nos hacían soñar, incluso convirtieron a Plutón en un planetoide.

No hay biodomos, no hay jetpacks, no hay rascacielos por doquier, nuestros autos aún no vuelan, las superautopistas nunca se construyeron, transportarse sigue siendo un caos en la ciudad y recorrer distancias un padecimiento,  los aviones siguen siendo un lujo. ¡Cuán decepcionados estarían nuestros ancestros!

Cierro los ojos y sueño. Sueño que, por un momento, reencontramos el camino.Vemos nuestros fallos y actuamos para corregirlos, olvidamos la guerra, nos dedicamos a las ciencias y a pasos agigantados nos acercamos a esa utopía que los cuarentas nos prometieron.

Sin embargo, se nubla mi vista: ni la exploración espacial, ni los autos voladores devorando millas entre rascacielos inmaculados, ni un aire puro, libre de los fósiles del pasado, ni los domos en los mares o en la Luna o en Marte que albergan ciudades en donde podríamos vivir, ni siquiera el poder ir de vacaciones al cinturón de asteroides y poder tocar con las manos al 636, ése que lleva tu nombre, como si se tratase de hacer más literal el que acariciarte equivalía a tocar una estrella, ni siquiera eso tendría el más mínimo sentido si no puedo compartirlo contigo. Porque cuando tu no estás el mañana es una completa distopia.

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Keep the car running

diciembre 17, 2009

Estaba terminando de cepillarme los dientes cuando sonó el teléfono. Escupí y fui a la sala mientras me secaba las comisuras de los labios.
–Aló.
–Hola, bola.
–…
–No me digas que creías que no te iba a llamar de cumpleaños.
–La verdad, no me lo esperaba.
-Pues feliz cumple… De verdad, de corazón. ¿No somos amigos?
–¿Tú qué crees?
–Ay, si yo te quiero, a pesar de todo…
–Claro, muy cómodo decir un “te quiero” soso y tibio mientras que yo dí el equivalente a sacrificar mi cojón izquierdo por ti. ¿Te parece válido que me encasilles en ese estúpido “somos amigos”? Vete a la porra.

Colgué. No estaba de humor para una escena como la que hubiera venido (y empeorado) de seguir esa charla sin sentido.

Regresé a mi cuarto, me puse la camisa y los zapatos. En el dock saltaba el ícono de Mail. Correo nuevo, nada que no pase en un cumpleaños.

…so I’ve decided to pay you a visit. I’ll be arriving on thursday…

Lo que faltaba.

Cerré el laptop, por pura costumbre metí unas partituras en el estuche del cello y salí de casa. La van dobló la esquina apenas salí del edificio. Subí el instrumento y me acomodé. En el camino jugueteé con la corbata que tenía en el bolsillo del pantalón, decidiendo el nudo que iba a usar. Medio Windsor: no tenía espejo y estaba en movimiento.

Llegamos al sitio del rodaje. 20 minutos después todos estábamos en la posición indicada en los libretos. Tomé mi arco y froté la tercera cuerda siguiendo la canción que sonaba en los altavoces del set.

Frené en seco.

La actriz.

Reapareció.

Los cuatro nombres que creía saber de ella desfilaron ante mis ojos. Me reconoció.

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III. Allegro Assai

octubre 18, 2009

Me había despertado una llamada de mi hermano a Skype. Mi maleta estaba lista, esperándome junto a la silla en la que estaba mi ropa.

Volví de la cocina con un vaso de agua mientras ella terminaba su café. Mientras entraba, me quedé absorto en su espalda desnuda.

Ya no estaba seguro de qué sentía por nadie.